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reforma PILAR










Pilar es pintora. Una señora culta de ritmo pausado.
Vive, desde hace más de 30 años, en un piso bien situado, en la primera planta de un bloque de viviendas orientado al Norte y recayente a una de las avenidas con más tráfico de la localidad.
La vivienda se le había quedado grande. Tres dormitorios ya no eran necesarios; un interminable pasillo oscuro tampoco. Al mismo tiempo, se ahogaba. Una fachada con ventanas que más valía no abrir y un patio interior residual, ya no eran suficientes para poder respirar.
El reto era encontrar un nuevo espacio vital para ella. Adaptar una vivienda común y anodina en un espacio personal.
El proyecto se descubre cuando al borrarlo todo vemos que el patio interior preexistente induce una fisura hasta la fachada: mitad interior y mitad exterior; mitad madera y mitad césped.
Para poder empezar la obra, Pilar pudo alquilar el piso contiguo y visitó la obra a diario. Pintura y arquitectura de la mano. Entendimiento completo. Todo consensuado.
Ahora, cada vez que entra en su casa y abre la puerta que da a la escalera, primero atraviesa su “jardín”, respira y desliza despacio la puerta corredera de vidrio que mantiene climatizada su morada.

En el interior sus muebles centenarios restaurados conviven con algunas piezas nuevas muy especiales. Todo en armonía, en paz, como es ella.