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casa Rebeca y David







Imagínate todo en familia...

Resulta extraño encargarte de la construcción de la casa de tu hermana, más aun en un solar familiar junto a la casa donde has crecido. Una obra que construirá tu padre y dirigirá tu otra hermana. 
Hasta allí, nos movíamos en aguas conocidas, ya que una gran parte de nuestro trabajo se centra en viviendas unifamiliares de promoción privada. Conocíamos la estrecha colaboración con el cliente que se convierte en parte fundamental del proyecto y casi siempre en un cómplice fiel. Todas las decisiones se exponen con minuciosidad y todos los detalles se justifican redundantemente.
En este proyecto, pareció ser una casa “sin cliente” desde el principio. Tan sólo debíamos cumplir un programa básico de vivienda con el menor presupuesto posible.
En principio piensas “menuda libertad”, pero enseguida te confrontas a una cierta realidad. Teníamos delante un condicionante mucho más estricto que el más exigente de los clientes: la situación y la geometría del solar;
Situado en un barrio periférico de una zona periférica, entre las vías del tren y la autovía, y rodeado, junto a una pequeña hilera de casas bajas, de tejido industrial. Con su fachada al poniente ofrece una geometría irregular heredera de antiguas parcelaciones imposibles.

Nos propusimos reinventar la geometría del solar a partir de un patio rectangular bien orientado, que aglutina entorno a sí todas las estancias de la casa. Las irregularidades del solar quedarían así absorbidas en el perímetro donde se organizan las piezas de servicio y de circulación. 

El proyecto se dibujó superficialmente, los detalles surgieron de forma natural durante la obra. Todo fue muy fluido y muy rápido: apareció una escalera en el patio que vinculaba la casa a una parcela familiar situada en la parte de atrás, apareció un recorrido sinuoso en la planta primera que invita su paseo y que sustituía a otro anguloso y más angosto proyectado en un inicio…

Por fin una vivienda sin clientes, sólo geometría… el solar lo dijo todo…